13 Diciembre 2017

Técnicas para “callar” a quien habla de más

on Jueves, 02 Agosto 2012.

 

En el afán a veces de obtener atención, reconocimiento público, o simplemente porque no se tomaron la dosis del desubicatex compuesto, hay algunos que prefieren hablar y evidenciar toda su rusticidad intelectual y educacional que callar en el “kayros” (el momento justo) y así ahorrar consecuencias desagradables en beneficio propio y ajeno. 
Tecnicas-para-callar-a-quien-habla-de-masEn el último tiempo al parecer es una moda, tal vez parte del rating, o simplemente el gusto de descubrir algún nuevo conflicto para luego twittear, mailear o repetir en la televisión y radios aquellos encontronazos que a menudo son parte de nuestro diario vivir. Labbé y la respuesta sobre la señora Errázuriz o Glen Cáceres con Luperciano Muñoz en Chile; Maradona en contra de Mirtha Legrand en Argentina; Diosdado Cabello en Venezuela contra el ex presidente Uribe de Colombia; Luis Galarreta y el Ministro Castilla en Perú o el nuevo presidente Franco y todos los lugueños en Paraguay, se suman a una lista interminable de roces y derroches de energía.
 
El conflicto es y ha sido siempre parte del devenir comunicacional, está en la praxis del vivir del ser humano, diría Humberto Maturana. Es en él donde descubrirás quién eres, tus férreas convicciones y la interacción con los otros. Sin embargo en este gran arte de la comunicación, a mi juicio, se diluye la fórmula. No cuentas con recetas directas, prácticas, efectivas y afectivas para hacer frente a esas personas que eligen hablar de más lanzando dardos venenosos que como búmeran se les devolverán casi suicidándose en ese intento. No aprendes esas técnicas como lo haces con la escritura, el comer o el caminar.  
 
El tema por tanto, no es que “calles” literalmente. No decir las cosas, se denomina introyección y en realidad te enferma psicológica y físicamente. Estoy seguro también que en “el fondo”, la mayoría de las personas mentalmente saludables y con criterio formado están de acuerdo. Todos quieren un mundo mejor y ser felices. El gran punto es hacerse cargo de “la forma”, simplemente, elegir las palabras, el momento, el medio y el destinatario adecuado para hacerlo, algunos le llaman a eso asertividad. Como quieras, este matrimonio de Forma y Fondo es la clave. Matrimonio significa matri (madre) monio (cuidado), o sea “cuidado de la madre”. Usando la analogía citada, sería el “cuidado de la forma”. Entonces, hacerle honor al origen será tu desafío.
 
Te comparto algunos tips de mi último libro; “Cómo decir las cosas y no matarte ni matarme en el intento”. Úsalos si te parece y si no inventa otros, pero no ceses en el esfuerzo de que tus palabras acaricien en vez de que abofeteen, harás un bien al mundo.
 

1. No es lo mismo Ser que Estar. Decir: “eres un hombre inteligente”, “soy una mujer linda”, “que tipo más desordenado” o “tu madre es una desconsiderada” confunden. Hombre, mujer, madre “son” y serán siempre. Inteligente, linda, desordenado o desconsiderada sólo “están”, por un momento y en una situación determinada. No es absoluto.

2. Escucha con dos orejas y una boca. La naturaleza es muy sabia, te dio dos orejas y una boca, pero hay gente que habla el doble y escucha la mitad. Escuchar no es sólo hacer silencio, ni poner atención; también es callar al enano imaginario que siempre te está hablando en el instante mismo cuando alguien lo está haciendo contigo. Hay un dicho que me encanta que dice: “más vale callar y que sospechen que eres un tonto, que hablar y despejar todas las dudas”.

 3. Elige palabras que tengan sensaciones agradables. Cariño, acuerdo, conversación, encuentro, satisfacción. Elimina aquellas que generan ansiedad, tristeza, frustración o rabia, como discusión, problemas, saturación, estupidez. Sencillamente, no aportan.

 4. Elige “querer”, no “tengas”. Es mucho más valorado y bien percibido decir “me encantaría hablar contigo”, que manifestar: “tengo que hablar contigo”, o “quiero decirte algo” que “tengo que decirte algo”. Cuando “tienes” te auto-obligas, cuando “quieres”, juegas este juego holgado, liviano, en libertad.

 5. La indiferencia, la última estación. A veces, querrás usar la indiferencia. Es la última sensación en la línea de la aceptación humana, la indiferencia significa: no existes para mí. Hasta en el rechazo o en el odio aún te importa, pero en la indiferencia no gastas pólvora en esa ave sedentaria de América del Sur, el chimango. Hablar de otro habla más del que lo hace que del referido. Deja que ladren Sancho…


Jorge F. Méndez
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