13 Diciembre 2017

De Brasil a Chile, un paso al slow

on Jueves, 11 Octubre 2012.

Cândida Magalhaes tiene el carisma brasileño en cada gesto. La armonía la trajo a nuestro país en donde vive hace catorce años y del cual ya se siente parte. Hoy nos cuenta cómo es vivir en un lugar que no es el suyo y qué siente al volver cada cierto tiempo a su querido Brasil.

“De los chilenos me gusta el respeto que tienen por los otros, este respeto se refleja en cómo mantienen las ciudades. Seguras, limpias, floridas y esto so es posible con el cuidado de sus moradores… De Brasil extraño la forma de ser de las personas, esa simpatía característica, mucha disponibilidad y calor humano”

casa-abuelaLlegué a Chile el año 1998, soy carioca, pero estaba viviendo en San Pablo, una ciudad que me encanta pero después de ocho años sentía que el precio de trabajar en una ciudad tan dinámica como “Sampa” era demasiado caro, me sentía cansada y estresada. De visita a Santiago era todo lo opuesto. En pleno invierno, frioooooo, con la cordillera esplendida. Ya conocía otras estaciones de esquí (en Suiza y Francia), pero que la nieve estuviera tan cerca de la ciudad era mágico. Retorné a San Pablo pero con una idea de cambio que me rondaba. Dentro de ese mismo año regresé a Chile cuatro veces, la última para quedarme. Cambié entonces, mi vida, mi país, mi ritmo y siento que fue una gran decisión. Chile me regaló lo mejor, acá crecí profesionalmente, encontré al amor de mi vida, aprendí a ser madre. Un equilibrio para mi y mi familia.
cecilia-matthiasDe Brasil echo de menos la forma de ser de las personas, los brasileños tenemos esa simpatía característica, mucha disponibilidad y calor de piel. Siempre que voy a Brasil me entretengo hablando con la gente. Yo crecí así, conversando y disfrutando de lo simple y lo sabio que hay en cada ser humano.
De los chilenos me gusta el respeto que tienen por los otros. Santiago es más limpio en comparación a otras ciudades de América Latina. Esto refleja la educación con que actúan y la seriedad con que realizan su trabajo. En general, son coherentes con los horarios, me agrada el compromiso y respeto que tienen por ejemplo, con los carabineros. En mi país no existe la misma actitud por estos funcionarios, que realizan un trabajo complejo y que no es bien pagado.
Hace poco estuve en Brasil, un retorno bello a mi infancia, mi familia es de la Región Serrana de Río de Janeiro, que es una zona que abriga un trocito de la Mata Atlántica, donde hay enormes árboles, bromelias, y orquídeas. Volví a la casa de mi abuela en un lugar con variedad de frutas, olores y sabores. Fui a Petrópolis que es una ciudad que conozco desde niña, la Ciudad Imperial, capital del Imperio Brasileño, donde por cincuenta años Don Pedro II ostentó su poder y atribuciones como Emperador de Brasil. Una ciudad llena de historia, cultura y con una arquitectura que impresiona.
Visité lugares que no había visto desde los doce años. Me provocó mucho agrado y nostalgia tener la oportunidad de vivir ahí cuando niña, me sentí privilegiada.
Lo especial de cada viaje que hago es que vuelvo con más energía, Brasil es mi matriz. Me considero una mujer del mundo, he viajado bastante y lo seguiré haciendo. Viví en Francia, aprendí su idioma y un poco de sus siglos de historia. He estado mucho tiempo fuera de Brasil, entonces cuando vuelvo valoro los pequeños detalles de mi tierra.
Palacio-imperialLo positivo que me ha dejado esta experiencia es que siempre hay que fijarse en lo bueno de las cosas. A veces uno se centra en la parte mala de estar lejos de la familia o siente los idiomas como una barrera y no se da cuenta de lo afortunado que es al vivir cada experiencia. Hay que apreciar eso, así uno aprende mucho de la cultura de otro país, de su gente y sus costumbres. En el trabajo ganas oportunidades, se te amplían horizontes, en términos de pareja genera lazos mucho más fuertes, refuerzas el vínculo. Para mí, siempre hay que enfocarse en la parte buena; lo malo…lo malo déjalo atrás.

Por: Cándida Magalhaes
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